Trastornos
en la alimentación? Comedor compulsivo, sobrepeso, obesidad, bulimia
o anorexia?
Queridos compañeros,
Hay una palabra que
cuando la oigo ahora me hace estremecer. Es una palabra que oí de
alguien prácticamente todos los días de mi vida, es una palabra que
he llegado a despreciar. Esa palabra es "fuerza de voluntad". Los
mensajes grabados en mi cabeza pronto recogieron la palabra y
tocaron temas y variaciones de ella a través de mi vida. "Sólo
necesitas un poco de fuerza de voluntad". "¿Dónde está tu fuerza de
voluntad?". "Mírate, ¿no tienes NADA de fuerza de voluntad? "No
valgo nada. No tengo fuerza de voluntad". "Lo único que se necesita
es fuerza de voluntad".
Tonterías!!! Los
comedores compulsivos tienen más fuerza de voluntad que nadie en el
planeta. ¿Quién más podría aguantar una enfermedad como ésta y
continuar con las maquinaciones de la vida como si estuviéramos muy
bien? Quién más podría lograr lo que logramos e ir por la vida con
una sonrisa y esperar hasta que estemos en casa tras puertas
cerradas y, sollozar con tristeza pensando que no teníamos fuerza de
voluntad.
Gracias a Dios por
Comedores Compulsivos Anónimos, donde aprendí que mi problema no era
la falta de voluntad. Mi comer compulsivo no era resultado de no
tener fuerza de voluntad - era la manera en la que se manifestaba
una enfermedad astuta y frustrante.
Arthur Patterson me dio
su permiso para utilizar su escrito sobre la fuerza de voluntad. Me
gustaría compartirlo con ustedes.
CUANDO LA FUERZA DE
VOLUNTAD NO ES SUFICIENTE
Admitir que somos
impotentes y que nuestras vidas se han vuelto ingobernables no suena
como algo que quieras poner en un historial profesional. Esto no
significa que el poder y el control sean esencialmente malos, sino
que en los adictos como yo, nuestro control y poder están
aprisionados por la adicción.
Usar el poder personal
para vencer la adicción es como tratar de apagar un incendio usando
gasolina en vez de agua. La frase clave en los programas de
recuperación es que el problema central del adicto es "la propia
voluntad desenfrenada". En mi caso fue ciertamente verdadero.
Luché contra esa
admisión de impotencia e ingobernabilidad, e intenté todo lo posible
por demostrar mi fuerza de voluntad, para controlar mi adicción.
Fracasé. Finalmente descubrí la fuente de poder no en mi empuje y
voluntad personal, sino en un Poder Superior.
Al principio de este
proceso, usé mi poder y voluntad para satisfacer mi más fuerte y
profundo deseo, mi adicción. Más tarde, cuando finalmente reconocí
que mi problema era la adicción, usé mi voluntad para tratar de
controlarla. El control no me llevó muy lejos, porque mi voluntad
era cautiva de mi adicción, y no era la libre voluntad que yo la
imaginaba ser. No quise reconocer ésto, y jugué el mismo juego de
negación que jugaba cuando la adicción tomó control de mi vida por
primera vez. Esta negación llevó a repetidas demostraciones de
fracaso de mi fuerza de voluntad.
Mi experiencia personal
ha sido en tratar de controlar una adicción a la comida. La primera
cosa que hacen los comedores compulsivos es minimizar la seriedad de
su problema. Yo hacía ésto diciendo chistes sobre mi exceso de peso
o permitiendo a otros que bromearan y moralizaran sobre ello.
Convertí mi problema en algo trivial, una pequeña indiscreción en
una vida que estaba bien en todo lo demás. Detrás de ésto estaba la
actitud de que en el momento que yo quisiera hacer algo al respecto,
podría hacerlo. Podría usar mi fuerza de voluntad y controlarlo
mediante la forzada abstinencia de hacer dieta.
Otra mentira que me
dije a mí mismo es que mi problema era muy profundo- demasiado
profundo para sondear y relacionado con mi crianza. Al poner mi
adicción en este nivel, la convertí en un importante proyecto de
autoanálisis. Si encontraba las razones y raíces de mi adicción,
podría entonces voluntariamente cambiarme a mí mismo. Relacionaba mi
sobreconsumo con la presión del trabajo. Si sólo tuviera un trabajo
donde no fuera criticado o no estuviera bajo presión, sería capaz de
controlar mi manera de comer.
Ninguna de estas
razones eran enteramente falsas pero tampoco iban nunca a liberarme
de la adicción. Todas estas visiones de cura dependían de mi
voluntad y poder. Si podía controlar a la gente, lugares y cosas,
podría perder peso, simplemente con esfuerzo.
Cuando los repetidos
fracasos y el dolor de no poder lograr el control fueron bastante
grandes, acepté la derrota y dí el primer paso. Admití que era
impotente ante mi adicción, y mi vida se había vuelto ingobernable.
El admitir mi incapacidad para controlar o gobernar mi adicción
abrió la puerta para dejar entrar a un Poder Superior. Había dado el
primer paso hacia la comprensión de la verdadera fuerza interior
cuando admití mi impotencia y reconocí que no tenía que hacerlo
solo.
Por supuesto que
primero tuve que agotar todos los métodos concebibles para superar
mi adicción antes de estar dispuesto a pedir ayuda. Probé con
terapia, libros de autoayuda- cualquier estrategia que pudiera
encontrar la cual me acreditara como la causa activa de mi
recuperación. Nada funcionó.
Al final descubrí que
el dolor, la limitación y el sufrimiento son prerequisitos para la
humildad necesaria para recuperarse, no la fuerza de voluntad. La
rendición finalmente llegó a mí, pero solo después de haber gastado
todas las opciones.
Ahora creo, que no
puedo controlar mi propia vida en relación a mi adicción. No puedo
controlar lo que me dispara a encontrar satisfacción en mi adicción.
Admitir ésto me libera para seguir con el segundo paso: pedir ayuda
y dejar entrar a un Poder Superior en mi vida.
por Arthur Paul
Patterson